A todos nos acojona el riesgo,
a lanzarse, a hablar...
El riesgo nos paraliza y nos hace sentirnos pequeños,
nos ahoga...
Nos hace hacer cosas que no queremos hacer y no queremos decir,
pero no arriesgarse muchas veces se pierden cosas que no se desea perder.
Hace, que por no arriesgar, o por miedo a arriesgar perdamos cosas incluso a personas.
Yo me he arriesgado dos veces y no he ganado,
pero sé que perdiendo también gano.
Gano sabiduría y gano el haber arriesgado
y cuando gano por a ver arriesgado, siento orgullo, y felicidad.
Eso es lo que me lleva a arriesgar,
aunque a veces se pierda mucho, me doy cuenta de que no merecía la pena
y me alegra por no perder más fuerzas en vano.
Ahí que luchar por lo que se quiere y no dejar escapar o confundir por un simple gesto.
La lucha debe de ser continua.
Seguiré luchando y arriesgando hasta perder.
Tras el escudo del riesgo está el peor de los sentimientos,
el miedo.
El miedo que no nos deja arriesgar y no nos deja decir todo lo que de verdad queremos decir o sentir.
¡Vaya mierda, el puto sentimiento de miedo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario