Entro en una habitación, estoy dentro, pero no veo nada. Está absolutamente a oscuras. Es una habitación en la nunca había entrado y en la que no sabía ni que existía. Me siento en lo que yo creo que es medio, pero aún y todo sigo sin ver nada, mi vista todavía no se ha hecho a la oscuridad. Espero sentada y reflexiono.
Creo que estoy tumbada en mi cama y que esa habitación existió. Ni por esas, sigo estando dentro de ella, yo me veo dentro, me olvido en lo que creo.
Empiezo a ver cosas, cosas que se me hacen familiares. Son recuerdos míos desde mi infancia hasta hoy. Es una rara sensación, no sé lo que me pasa. Sigo mirando las imágenes y sigo pensando. Pensando el porque de mis miedos y encuentro muchos porqués.
Sigo viendo negro y veo más que mis miedos, voy intentando superarlos dando un porque pero sigo estando sentada.
Me levanto y ando, me choco con objetos que una vez tuve, no sé lo que son pero sus olores me recuerdan a algo que tuve. Doy un paseo y me encuentro una figura, una figura a la que temo. Me paro enfrente, hablo y supero ese miedo, sigo paseando y enfrentándome a esos miedos que me inquietan.
No sé como, pero salgo de la habitación. Me despierto y me veo en la cama, tumbada, como si me hubiera despertado de una pesadilla, pero sé que no fue un sueño.
Fue un camino hacía un rincón de mi cerebro que desconocía, me atraía y nunca pude entrar.