Salgo
en una habitación, corro pero no tengo salida.
Una
ventana abierta, me asomo pero está muy alto y me dan miedo las alturas.
Sigo
corriendo, no hay escapatoria, la puerta no puedo abrir, me han cerrado.
De
repente un cuadro, donde hay una foto, una luz. Luz fuerte que sale de la
mirada de uno de los protagonistas. Me acerco con miedo, se oyen pasos
desconocidos tras la puerta. Miro la luz con esperanza pero solo es un reflejo
del sol, que entra por la ventana.
Me
decido a saltar, los pasos cada vez están más cerca. Pero mi miedo me paraliza,
no tengo cuerpo. Arrastrada como una serpiente, llego a la cama, pero sin poder
subir, me meto bajo la cama. Se oyen unas llaves. Me encojo, me hago más pequeña.
Oigo como abren la puerta, cierro los ojos por si me vuelvo invisible. No funciona,
es el miedo que me hace sentirme así pequeña, invisible y sola.
Abro
uno de los ojos, veo un pie. Lo vuelvo a mirar pero no es familiar, nunca
visto. Sigo encogida, deseando desaparecer (sigue sin funcionar). Se alejan los
pies hasta la ventana abierta y se asoma con miedo y con llanto. Se tranquiliza
al mirar hacia abajo.
Sigue
buscando algo pero no ve nada. Se acercan poco a poco hacia la cama, me
acojono. Noto que se sienta sobre ella, me temo que, me descubren. Movimientos lentos
indican que se está agachando y mirar bajo la cama. Noto sus movimientos, noto
su calor, no veo nada porque no abro los ojos.
Sus
manos primero bajan a tocan, lo evito y no llega. Baja al suelo, se pone de
rodillas y veo su cabello como va bajando. Al bajar y mirar grita, un grito
desesperado haciendo caer al suelo.
¡No
estoy!
Cuanto más pequeño es el lugar para que no busquen, no lo encontramos.
Cuanto más pequeño es el lugar para que no busquen, no lo encontramos.
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