Se oye una sirena, un pitido interno en mi cabeza, un ruido. Miro a mi alrededor, pero no encuentro a la mosca, me miro enfrente de un espejo y me doy cuenta que es interno.
Sigo en frente del espejo. Me observo, me miro, miro cada detalle, las cicatrices de mi niñez, los pliegues de mi cuerpo, mi pelo oscuro, mis ojos, mi nariz, mi ombligo… todo al detalle. Me contemplo y…
Sigo oyendo ese ruido incómodo, esa sirena… empiezo a pensar que puede ser, pero no obtengo respuesta. Me vuelvo a mirar en el espejo y no me veo. Solo veo lo que tengo dentro y empiezo a buscar la procedencia del ruido.
La encuentro, y lo escucho de cerca, ahora me parece un sonido cómodo, conocido, me gusta. Tatareo el ruido, y me doy cuenta, que yo he producido ese sonido, solo yo lo conozco. Antes lo odiaba pero ahora me gusta. He transformado un ruido incómodo a algo agradable, ya no se escucha, solo se oyen palabras buenas…. ¡Ha desaparecido de dentro de mi, he vencido ese odioso ruido y ya no me incómoda!
Reflexión sobre el run run que siempre nos sigue, nos persigue hasta que al final se pasa y ya no existe.
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